Estabamos sentados Ervinke y yo, mirando las tazas de café que teniamos delante de nosotros. Eran las 3.45 de la tarde.
El aburrimiento resultaba peor que de costumbre.
-Oye -me murmuro, finalmente, Ervinke- ¿Por qué no diseñamos tazas para zurdos, es decir, con el asa en el otro lado de la taza?
-¿Crees que eso les preocupa? ¿No los conoces? Solo se preocupan de las ventas.
-Durante cinco mil años las mismas aburridas tazas-suspiro Ervinke- ¿Por qué no colocan el asa dentro, para no romper la integridad exterior de la taza?
-Jamás...-le repliqué- Todo cuanto hacen es pura rutina.

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